Acompanyament Familiar

agressor (1)

El 2 de Mayo fue el Día Mundial de la Lucha Contra el Bullying y el Acoso Escolar, y qué mejor para poder hablar de ello que poder escribir un artículo para visibilizar la grave situación que, día tras día, sufren muchos niñxs en el entorno escolar. El bullying es un abuso reiterado, una burla invisible para los ojos poco despiertos, un grito ahogado que, a menudo, no encuentra quien lo escuche. La vivencia continuada de una situación humiliante, agresiva y subyugante, comporta una pérdida de autoestima, de amor propio y de seguridad en la Vida. Todas las personas que han podido hablar de ello coinciden en que este intento constante de degradarlas, ha marcad o un antes y un después (para las que lo alcanzan) en sus Vidas.

Entendemos por bullying una situación de sumisión y degradación que se repite en el tiempo, sobre la misma persona, y que es perpetrada por un alguien que no va solo/a, sinó que la cobardía y la necesidad de reconocimiento, hacen que vaya acompañado/a.

¿Qué puede estar necesitando unx niñx que comete tal aberración sobro otrxs?

A menudo, en este tipo de situaciones, caemos en la polarización de roles: víctima, agresor/a. Desde mi comprender, esta mirada es reduccionista y evita la comprensión profunda que, en el fondo, todas las partes son víctimas de un dolor profundo.

  • La que sufre el abuso porqué ha llegado a un punto en que solo/a no puede con la situación. Necesita tejer complicidades, recuperar la esperanza que la Vida puede ser algo amoroso y cálido, y no tan solo un desierto de sal donde el único cobijo del reflejo rabioso del sol sobre los cristales, lo encuentra cerrando los ojos y evadiéndose de todo contacto con el exterior.
  • La que lo perpetra porqué su herida interna es tan basta, que no encuentra otra salida que la de vomitar fuera todo lo que la pudre por dentro. Es la clara expresión de unx niñx heridx que ha acumulado durante años la necesidad de ser visto/a, reconocido/a, amado/a por lo que es y que, a su pesar, no lo ha encontrado. De esta forma, ha aprendido a sobresalid para pertenecer, a despuntar, a ser vanagloriado/a, a tener mirada a cualquier precio.
  • Las que observan expectantes la actuación porqué, sin tan solo saberlo, perpetúan las bases de una sociedad patriarcal basada en la dominación y la extorsión de quien consideran – o fabrican- como más débil; son víctimas también porque, con su silencio y complicidad, contribuyen a generar manadas predadoras para acutar en grupo y someter a quien les hará dignxs de hacerse llamar así.

El bullying, en tanto que acto nocivo, construye relaciones de miedo, dominación y, sobretodo, mucho dolor. Las vivencias reiteradas que conforman la cotidianidad de cada una de las partes que participan (tengan el rol que tengan), son la semilla de futuras relaciones jerárquicas y de juegos de poder en la etapa adulta.

Como adultas que acompañamos procesos infantiles y/o juveniles, es necesario afinar nuestra mirada, dejar de excusarnos en el argumento de la saturación, del exceso de niñxs en las aulas y de la falta de tiempo. No porqué todo esto no sea cierto, sino porqué a menudo es un autoengaño y una resistencia a poner palabras a aquello que percibimos. Si como persona adulta no sabes qué hacer con ello, pide ayuda, busca complicidades y ¡ACTÚA! Sin tu firmeza en poner límites y acompañar desde el amor, el dolor se perpetúa.

¿Qué crees que te ayudaría a empoderarte para levantar la voz ante el abuso?

Elisenda Pascual

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