Acompanyament Familiar

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La condicionalidad en el amor materno-filial viene dada, inicialmente, por la figura adulta. El efecto espejo que tus hijxs provocan en ti mismx de tus propias carencias infantiles, repercute en transformar el amor mamífero en algo condicionado, que va y viene, que se presenta a cuentagotas y, a menudo, sólo cuando el reflejo que te devuelven te complace.

¿Cuántas son las madres – ¡y padres! – que se culpabilizan por no sentir aquella luz dorada que baja del cielo en forma de aceptación total y absoluta?

Te lo digo… ¡muchisísisisisisisisimxs! Y es que atreverse a sostener esta imagen incómoda que nos devuelven las criaturas sin escapar es complejo, molesto y requiere perseverancia y trabajo. Aunque ya dicen que “sarna con gusto no pica” (bueno…, “no pica tanto”, añadiría yo). Y es obvio que revisar nuestras carencias infantiles transformadas en nuestras limitaciones adultas, siempre acostumbra a ser un camino que -aunque liberador- nos confronta con aquellos hilos invisibles que nos mueven sin habernos dado cuenta antes. Reacciones automáticas, decisiones, acciones inconscientes e impulsivas que, cuando bajamos la guardia, aparecen, están relacionadas con aquello que nos dieron, aquello que tomamos y aquello que seguimos cargando: sea un vacío de carencias, o una mochila llena de piedras.

Cuando entrar en este camino de revisión personal toma sentido para ti -sobre todo porqué has comprendido que tu cambio va a beneficiar a tus hijxs- las transformaciones se dan desde un lugar de cuido y amor; primero hacia ti mismx, como artífice de esta mutación; en segundo lugar, hacia ellxs, puesto que llegadxs al punto de comprender que la mayoría de los conflictos se deben a nuestras incapacidades adultas, internamente les eximimos de toda culpa y les podemos VER por lo que son: pequeñas criaturas necesitadas de mirada, afecto y AMOR.

¿Te dieron todo esto cuando eras pequeñx? ¿Sientes que tu niñx internx está en paz con todo esto?

¿Sigues buscando en tus vínculos saciarte de lo que no tuviste?

Está bien poder responderse a estas preguntas para saber lo que seguimos proyectando a nuestro alrededor, sobre todo cuando se trata de nuestrxs hijos, puesto que el impacto que provocamos es de una gran magnitud. Relacionarnos desde un lugar no sanado repercute, sin lugar a dudas, en la imagen que proyectamos hacia nuestras criaturas y, a parte de darles una imagen distorsionada de cómo ser papá o mamá, dejamos de VER sus necesidades auténticas para ofrecerles aquello que a nosotrxs nos faltó, o nos sobró, cayendo en conductas tan polares como son la sobreprotección o el autoritarismo.

Entrar dentro del espejo es el único camino de salida de nuestras sombras y bloqueos. Ofrecerles a nuestrxs niñxs internxs lo que necesitaron y no tuvieron, es SANAR nuestra herida arcaica. Abrazar nuestros dolores con amor y compasión, es la manera que tenemos, como adultxs, de transformar en paz, el dolor que acarreamos desde nuestra infancia. La incondicionalidad tan sólo puede darse en el sí de una persona adulta que haya entrado, caminado y vuelto de este viaje interno.

¿Te atreves a lanzarte a esta aventura que va a cambiar tu Vida y la de lxs tuyxs?

Elisenda Pascual

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