Acompanyament Familiar

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Imagen de Joan Turú

Había una vez, en un lugar cercano a donde vives, una comunidad de animales y personas que fomentaban el cooperativismo, la paz, el diálogo y el respeto. Las distintas formas de vida estaban incluidas y, siempre bajo la premisa de la libertad -y no del libertinaje-, encontraban la manera de ponerse de acuerdo.

En esa tribu vivía un dragón enamorado de sus rojas rosas. Tenía el jardín lleno de rosales que pasaba horas i horas podando. Tenía su propio compost para abonarlas, las mimaba con música inspiradora, y las regaba con el agua que recogía de un manantial cercano. Se desvivía para poder olerlas y era la admiración de todos los vecinos y vecinas.

Cerca de su casa, vivía un caballero que había colgado los hábitos y ahora se dedicaba a escribir filosofía. Era amante de Simone de Beauvoir y de Noam Chomsky. Devoraba sin piedad libros de Huxley y de Judit Butler, y había escrito una tesis sobre Diotima de Mantinea, de quien había aprendido a desmontar el amor romántico, que definía como un anhelo de inmortalidad, fuente de manipulación y corrupción. Jordi, que así se llamaba, era un hombre abstraído, sensible y alejado de pretensiones testosterónicas.

A menudo les visitaba, entre mercaderes y titiriterxs que adoraban esta comunidad, una rapera que se llamaba Princess. Era una mujer potente y extremadamente crítica con la sociedad de la que rehuía. Encontraba en ese vecindario el refugio quenecesitaba en sus recesos y, aunque la fama la perseguía, prefería quedarse con el éxito. Princess se tiraba eruptos y comía con las manos. Escupía palabras cargadas de verdades que nunca dejaban indiferente a nadie. Le encantaba pasarse horas sentada en el jardín del dragón oliendo el aroma delicado de sus rosas, mientras mantenía interesantes conversaciones con Jordi, quien, sin saberlo, se había convertido en su musa.

La relación de estas tres bellas personas se hizo tan sincera y profunda, que pronto empezaron a tejerse historias que la explicaban. Lxs comerciantes se embobaban con la estampa que formaban lxs tres; las compañías de titiriterxs la hicieron suya y se la llevaron a otros parajes para transmitir tan hermosa amistad.

I fue así como pasaron los años, las épocas y las vidas, hasta que la historia del dragón, Princess y el caballero llegó a estar tan distorsionada que perdió por completo su esencia.

Y me pregunto si no ha llegado el momento de volver a los orígenes de esta leyenda; si es el tiempo indicado para deconstruir la falacia del amor romántico y de los dragones malvados para volver a la esencia de la verdadera amistad, la inspiración y la cooperación.

Como madre y padre que eres, déjame hacerte una pregunta importante:

¿Qué valores quieres transmitir a tu hija?

¿Quieres que sea una princesa sumisa e indefensa? ¿O prefieres que sea una mujer fuerte y libre?

¿Qué quieres enseñarle a tu hijo sobe la Vida?

¿Quieres generar un niños pretenda ser siempre superior a las mujeres? ¿O te gustaría más que entendiera que no hay jerarquías entre sexos ni géneros?

Los valores que transmites a tus hijxs surgen de tus propios criterios.

¿Te atreves a revisarlos?

Elisenda Pascual

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