14 de septiembre de 2020

Efectos de las medidas en la infancia durante el Covid


Estimados y estimadas,

Soy Susanna D' Ambrosio, médico psiquiatra por la Universidad de Padua. Ejerzo mi profesión en Barcelona desde el 2010. He trabajado en la sanidad pública con población adulta en el 2010-2011, y desde el 2011 hasta el 2017, en un centro de salud mental infanto-juvenil (3-18 años). 

Actualmente en la sanidad privada en colaboración con el equipo de Acompanyament Familiar.

Voy a contaros la información que aprendí en la carrera de medicina. Durante esos seis largos años, tomé cuenta que los estudios justo nos permiten conocer en profundidad el cuerpo humano. Aprendemos su fisiología y sus patologías de forma superficial porque nuestro organismo es muy complejo, hecho de muchas partes que funcionan de manera autónoma y, al mismo tiempo, interactúan y se influencian entre ellas. No se puede tratar un órgano sin pensar de qué manera esto influye en las partes que están conectadas con él, ya sea físicamente, como a través de las hormonas y todas las señales que permiten que funcione de forma coordinada y ordenada. Esto viene a ser una explicación biológica de lo que a continuación quiero extrapolar en el ámbito relacional, vincular y social. 

Como psiquiatra infantil, no puedo no expresar mi gran preocupación sobre las consecuencias que tendrán en la población infantil las medidas aplicadas durante la pandemia - tanto de forma directa como indirecta - por las consecuencias en familiares y en cuidadorxs del entorno escolar.

Tras el confinamiento hubo un incremento increíble del malestar y de las patologías a nivel psicológico: aislamiento, adicción a las tecnologías, fobia social, crisis de pánico, agresividad verbal y física, náuseas, vómitos, depresión, autolesiones. No hay datos definitivos todavía pero cualquier profesional de la salud mental infantil puede decir que hubo un aumento de las consultas y un aumento del uso de psicofármacos debido tanto a un empeoramiento de los casos ya en seguimiento, como al presentarse de nuevos.

Cuando hay una situación de incertidumbre, de crisis, como una enfermedad en los progenitores, una separación/divorcio, un despido laboral o un traslado, etc., siempre se recomienda - desde los profesionales de la salud - prestar más atención al aspecto emocional: observar  si hay variación en el sueño, en el rendimiento escolar, si hay labilidad emocional, si aparecen tics, si aprietan los dientes por la noche, si se comen las uñas, si se muerden los labios, y muchos más síntomas que son anómalos al desarrollo sano de las criaturas.

Con esta situación sanitaria vivimos, desde hace meses, en la incertidumbre, en la inestabilidad, en la imposibilidad de planificar, pensando el miedo a la enfermedad y a la muerte: vivimos esto cada día, pero se habla muy poco, como si no existiera o no fuera importante. 

Nos llega mucha información sobre las medidas que hay que tomar: mascarilla, distanciamiento, limpieza de manos, etc. pero: 

¿qué hacer si un niñx presenta un ataque de ansiedad? ¿y si hiperventila?

¿Qué pasa si empieza a llorar y necesita un abrazo y ser calmado? 

¿Qué pasa si empieza a dar patadas, a hacerse daño y necesita contención física?

¿Y que hacemos con las patologías psicosomáticas? 

Un dolor de barriga, una diarrea, un ataque de asma que son manifestación de un malestar emocional, ¿cómo se gestionan?

Hay muchos protocolos para poder detectar el Covid-19, pero ¿cómo se detecta el malestar anímico?  Pues a través del cuerpo, de los síntomas que pueden manifestarse en él y a través del lenguaje no verbal: la falta de sonrisas, las manos sudadas, la falta de espontaneidad… ¿cómo podremos conseguir esto si vamos todo el día tapados y con miedo a contagiarnos? 

No olvidemos el profesorado, al cual se le pide estar más pendiente de las normas que de enseñar y acompañar, y que se sienten más policías que adultxs que cuidan y ejercen de referentes de la infancia.

No podemos negar la ausencia de medidas que cuiden el aspecto emocional. Vemos cómo no se han valorado los efectos que el confinamiento produce en la salud psicofísica de la infancia, y cómo no se da importancia a los efectos que esto ha tenido y tendrá en un futuro. 

Puedo asegurar que las medidas que hay ahora tendrán consecuencias negativas en la salud emocional de lxs niñxs y adolescentes porqué estamos pidiéndole a la infancia que vaya en contra de su naturaleza, de su instinto y de su espontaneidad sin poner la debida atención en el significado que esto puede tener en su salud emocional.

A veces es difícil ponerse en el lugar de los niñxs. Quizás pueda ayudarnos pensar en una situación un tanto extrema: ¿podemos imaginar cómo estaríamos si nos obligarán a ir a 4 patas porque el virus, por su peso, no baja más del metro y medio? Tendríamos que respirar la suciedad del suelo y no podríamos mirar al otro en la cara; nos dolerían las manos, las rodillas y la espalda, algo inaceptable para lxs adultxs. Estoy segura de que entonces, habría soluciones alternativas. ¿Por qué nos cuesta tanto encontrarlas ahora para las criaturas?

Una vez más, como no se pueden hacer analíticas y pruebas que den números, parece que el aspecto emocional no existe o no tiene importancia; pero todxs sabemos que la salud mental es una de las ramas de la medicina con mayor coste para la sanidad a largo plazo. Lamentablemente, ni siquiera esto parece tener gran peso hoy en día.

Quiero acabar con la reflexión y la preocupación de que hay una falta de mirada hacia el futuro: tanto a corto como a medio y largo plazo. La salud mental (igual que una enfermedad física) es clave para el desarrollo de una persona. Sin ella cualquier evento de la vida puede ser vivido de forma patológica y traumática y me preocupa que, ante las medidas que obvian el bienestar infanto-juvenil, acabemos gestando una generación de personas que arrastren dolores emocionales y de salud mental fruto de esta ausencia actual.

Susanna d’Ambrosio

Médico psiquiatra y psicoterapeuta perinatal 

N. Col. 46680-05