14 de enero de 2023

EL CUERPO EN LA INFANCIA


El cuerpo es la expresión visible del estado del sistema nervioso. Es la arquitectura física de tu mente inconsciente.


¿Te has preguntado alguna vez por qué tu cuerpo es cómo es?


El cuerpo adquiere ciertas formas, tensiones, corazas y costumbres como consecuencia de las experiencias que moldearon tu manera de ser en la primera infancia, durante el primer septenio de tu vida, incluida tu gestación. Por ejemplo, si eres rigida/o mentalmente, es probable que lo seas físicamente. Tu cuerpo es la expresión en la materia de los patrones psicológicos de tu mente.


En los primeros años de vida exploras la herencia con la cual has nacido y luego la sociedad, a través de la educación, la castra. Esta herencia es la conexión física con otro ser humano. Existe una comunicación corporal disponible entre el bebé o niña/o y sus cuidadoras/es a través del contacto físico.


Cuando eres una criatura defines tu identidad mediante el contacto. Ser tocada/a con presencia y sin prisa te ofrece la posibilidad una tener una referencia del límite de tu piel para que percibas que existes. En el útero estás ya en pleno contacto con la piel interna de tu madre. Te gestas en puro contacto. Al salir, necesitas 9 meses, mínimo, de mucha piel ¿Sabías que a ese período se le llama extero gestación porque se necesitan condiciones muy similares que en la gestación?


La piel es el órgano sensorial más grande tu cuerpo. Las enfermedades y síntomas (piel atópica, psoriasis, alergías, picores…) vienen de esta primera etapa de tu existencia, que va desde la gestación hasta los 9 meses. Si vives dificultades respecto al contacto (al ser tocada/a, a sentirte sostenida/o…) puedes desarrollar disfunciones en la piel en la adultez. El estado de tu piel habla de la memoria corporal guardada respecto al contacto con las demás personas. Esta memoria puede albergar más a menos traumas del desarrollo y puede que se expresen a lo largo de la vida. 


El respeto que recibes por como funciona tu cuerpo cuando creces también te ayuda o dificulta en tu desarrollo psicomotor temprano, que se manifestará más adelante en tu cuerpo y personalidad.


¿Recuerdas o sabes como fue para ti la retirada del pañal? Si fue retirado cuando ya tenías el control de los esfínteres adquirido, entonces es probable que en tu carácter adulto tengas una relación de equilibrio con tu voluntad. Si sentiste que no podías regular tus esfínteres de adentro a fuera, o sea que te fue impuesto un ritmo que no escuchaba tu naturaleza genuina, puede que en la adultez te cueste hacer lo que quieres, que te quedes dando vueltas a las cosas, pero te cueste pasar a la acción e ir a por lo que quieres.


No por tirar de una planta crece más rápido. Con el cuerpo ocurre lo mismo, cada etapa evolutiva trae unas conquistas de desarrollo y cada niño/a necesita su tiempo para hacerse dueña/o de ellas.


Respetar al cuerpo en la infancia también conlleva permitir que se mueva con libertad. ¿Recuerdas tu aula de educación infantil llena de sillas y mesas? Es una metáfora de como ya se dejaba el cuerpo fuera de juego (¡nunca mejor dicho!) en la educación pre-escolar. Allí ya empezaste a darle más tiempo de atención a las palabras, a lo abstracto, a la movimientos perqueños con tus manos que al movimiento global de tu cuerpo y a lo concreto, aspectos totalmente contrarios a tu naturaleza biológica primordial.


Una criatura se expresa y desarrolla plenamente con el movimiento libre. ¿Recuerdas frases del estilo: no toques, no grites, no saltes, no te ensucies? Estos mensajes fueron interferencias para la libertad del cuerpo, que necesitaba, más allá de las normas sociales, expandirse, jugar, emocionarse, expresarse, investigar, etc. O sea, aprender a través de la vivencia de ser cuerpo para aprender sobre ti misma/o y el mundo que te rodeaba.


Después de los años, como tantas otras personas, puede que te des cuenta de que tu cuerpo parece que no forme parte de ti, pues te cuesta sentir las sensaciones y si las sientes, puede que no las atiendas, ¿te suena sentir el cansancio y no poder parar? ¿O ni sentirlo y tener que parar poniéndote enferma/o?


Tu cuerpo no es ajeno a ti. Es el hogar de tu experiencia, la casa de tu personalidad, el vehículo de tu alma. Unas cuantas generaciones de personas necesitamos restablecer el contacto perdido con él si queremos acompañar a las siguientes a que lo preserven y lo honren. 


Lara Terrades

Psicóloga