Las etapas
del desarrollo infantil

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29 de abril de 2024

El juego pulsional


Acompañar a la agresividad infantil con recursos psicomotrices

La agresividad infantil (en la etapa de los 0 a los 6-7 años) suele ser una de las expresiones con las que madres y padres y profesionales de la pequeña infancia se sienten con menos recursos y sobrepasados a la hora de comprenderla y acompañarla. La psicomotricidad Aucouturier, en su vertiente educativa, preventiva y terapéutica, nos ofrece una mirada de la agresividad infantil orientada a no negarla ni reprimirla, no juzgarla ni dejar solo a la criatura que la expresa. Partiendo de la idea de que es una necesidad infantil disponer de momentos, espacios y adultas disponibles y seguras para poder jugar su agresividad, me centraré en conocer brevemente la naturaleza de la agresividad infantil y explicar cómo se puede jugar según la edad. Tener la disponibilidad para jugar su agresividad es un canal fantástico para conectar y fortalecer el vínculo con las criaturas, pues les ayudamos a conocer esta energía, les damos un marco para saber qué pueden y qué no pueden hacer con ella y favorecemos poner -la al servicio de su salud y de la construcción de relaciones basadas en el buen trato.


¿Qué entendemos por agresividad infantil?

Siguiendo la mirada de la Psicomotricidad Aucouturier, diremos que la agresividad infantil forma parte de un impulso vital/pulsión que integra dos movimientos opuestos, pero complementarios: la pulsión de apego, al servicio de la expresión del amor hacia a los demás, de la unión, la cooperación, la partinencia a un grupo y la pulsión de dominio u oposición, al servicio de la diferenciación, de la autofirmación, de la protección, de la defensa, de la expresión de límites y satisfacción necesidades. Por tanto, nos puede servir entender que la agresividad infantil, es el canal que tienen los niños para expresar emociones y necesidades porque no tienen el lenguaje verbal suficientemente desarrollado, ni la conciencia de sí mismas, ni la capacidad de regular sus impulsos más primarios. También nos puede ayudar, entender que esta energía agresiva necesita ser jugada y acompañada, es decir, no podemos dejarlos solos y solas, inicialmente no se autorregula. Se conoce y se regula a través de la relación cotidiana con los adultos referentes. Importante no confundirnos en que como la agresividad infantil es algo saludable, no debemos actuar y detener los golpes, palabras, etc que duelen a les otres niñes, a las adultas, a los materiales, animales, a si mismes.


¿Cómo se manifiesta según la edad y cómo la podemos jugar?

En lenguaje psicomotriz decimos que la agresividad necesita ser jugada, simbolizada y reglada para que su expresión más primaria o impulsiva y sin conciencia, se convierta en una herramienta sana y segura para una misma y para cultivar las relaciones humanas. Según la edad de less niñes, podemos crear contextos lúdicos, para que les niñes expresen su agresividad sin dañarse y sin dañar. En este sentido decimos que les niñes necesitan que las adultas estemos disponibles, ya partir de ahí ESCUCHAR sus demandas o propuestas de juego.


Así, se pueden identificar 3 fases de expresión de la agresividad y su acompañamiento:

• La fase primaria o presimbólica ( de los 0 a 3 años)

Les niñes se encuentran en esta etapa de vivir y sentir su cuerpo, a través del movimiento y la exploración de los espacios, los objetos y el cuerpo de las demás personas. Irán construyendo las bases de la conciencia y conocimiento del propio cuerpo, capacidades y límites. Este incipiente yo se va constituyendo, a partir del vínculo con las figuras maternas/paternas. Es la etapa donde el niño empieza a expresar su fuerza, los primeros nodos, primeras rabietas, etapa egocéntrica, impulsiva... Aquí, dejaremos que el juego pulsional también pueda desarrollarse: destrucción de pilas de almohadas, romper o destruir material adecuado para hacerlo (como papel de diario, luchas con almohadas y el juego de lucha cuerpo a cuerpo con el adulto ). Esta etapa es ideal para aprender con el cuerpo el autocontrol de la agresividad. Es un aprendizaje corporal. La lucha jugada con el adulto, cuerpo a cuerpo, es un gran recurso para desarrollar la capacidad agresiva junto con la empatía, pues también aparecerán los límites ( esto me va bien, esto no, más fuerte, más flojo... para poder seguir jugando tendrá que haber una escucha interna y externa).


• La fase de simbolización ( de los 3 a lo 6 años)

En esta etapa, con el aumento de las capacidades físicas, también aumenta la necesidad física de luchar, pero con el desarrollo del lenguaje emerge la posibilidad de integrar la agresividad en un contexto simbólico. Es un momento en el que las emociones de los niños en la relación con sus iguales, y también con sus adultos referente, siguen siendo intensas. Es un momento en el que aparecen los miedos madurativos. Les niñes suelen sentir placer o miedo al transformarse en personajes fantásticos que luchan contra obstáculos, personajes que encarnan la oscuridad, el mal, las situaciones de peligro... Pere Juan Duque explica: “El juego simbólico, intenso y acompañado es un medio privilegiado para que se exprese la agresividad, que muchas veces tiene un gran componente físico. También debemos tener en cuenta que en esta fase se va consolidando la separación emocional de la figura materna, lo que implica una serie de emociones muy intensas y profundas: miedo, rabia, rivalidad, etc. El juego simbólico facilita la expresión y la elaboración de estas emociones. No nos asustemos de la inmensa agresividad simbólica que los niños y niñas son capaces de desplegar, en un contexto de juego esto es muy sanador. De alguna forma le estamos diciendo al niñe: lo que piensas y sientes no es malo, puedes expresarlo en forma de juego.”


• La fase reglada ( a partir de los 7-8 años)

Les niñes se encuentran en un momento en que la impulsividad y placer por el movimiento propia de las etapas anteriores va cediendo hacia el placer por la concentración, por los juegos reglados, deportes concretos, danza, artes marciales. Así pues, este tipo de prácticas serán un nuevo recurso adecuado a su edad para seguir conociendo y canalizando la agresividad de forma saludable. Quizás son los recursos que más nos suenan a las adultas, porque son muy parecidos a las que disponemos nosotros para este fin. Acompañar al juego pulsional de les niñes es también una ventana para indagar la relación con nuestra agresividad. Es una oportunidad para escuchar nuestro cuerpo: qué sensaciones físicas y emocionales nos despierta esta energía. Si sentimos placer o sensaciones desagradables, desbordamiento, aceleración, bloqueo. Es importante escucharse y respetarse a una misma y decidir hasta dónde nos implicamos. I al mismo tiempo, también es recomendable detectar si necesitamos ayuda porque nos supera en exceso.


Eulàlia Solé Altimira

Psicomotricista