7 de enero de 2024

El lugar seguro en la pareja


El «lugar seguro» en la pareja.

Un espacio de protección para crecer en la relación.


La función principal de nuestro cerebro es la supervivencia, y las distintas reacciones de nuestro sistema nervioso están guiadas por este imperativo biológico. Cuando nuestro cerebro detecta una amenaza, nos desregulamos emocionalmente, en un intento de defendernos o protegernos de lo que interpretamos como peligroso: el cerebro primitivo toma el liderazgo y el cerebro superior o neocórtex se desconecta.


Durante la infancia, dado que nuestro cerebro es todavía muy inmaduro, necesitamos de las figuras principales de apego para regularnos emocionalmente y recuperar el estado de calma o relajación. Con los años y la madurez, además de la co-regulación que siempre necesitamos como niños, adolescentes y adultos, vamos incorporando también un sistema de auto-regulación (más o menos adaptativo), que nos hace un poco menos dependientes de otras personas y que nos permite volver a un estado de calma y seguridad.


Casi todas las personas podemos imaginar lo que significa sentir un lugar seguro*, y nos pueden venir dos situaciones a la mente: un lugar físico en el que sentimos que nuestra supervivencia está resuelta, y/o lejos de ningún peligro; o una situación tranquila y cómoda, donde poder expresarme sin miedo a sentirme juzgadx o dañadx. En ambas opciones, siento que mi sistema nervioso está relajado, donde puede abandonar el estado de alerta.


Cuando estamos en estado de calma y seguridad, podemos sentir emociones o sensaciones agradables vinculadas al bienestar, a la apertura y aproximación. En cambio, cuando nos encontramos en estado de alerta, las emociones vinculadas son de defensa, de cierre, de fuga...


Cuando entendemos y aprendemos a discriminar entre los diferentes estados de nuestro sistema nervioso y los detonantes que lo activan y desregulan, vamos aprendendiendo a detectar qué espacios o personas nos predisponen a sentir emociones relacionadas con la calma y seguridad y cuáles nos activan las de alerta y defensa. Es totalmente adaptativo que busquemos aquellos espacios y personas que nos hacen sentir segurxs.

Cada persona presenta un sistema de apego que se ha ido creando en la infancia, y éste nos predispone a elegir una u otra pareja y marca, en gran medida, el estilo de reacción ante una situación de estrés relacional. Conocer nuestro estilo de respuesta y entender de dónde viene, así como la de nuestra pareja, es una gran oportunidad para aprender a hacer de la relación un espacio más seguro y, por tanto, más funcional. Todos y todas anhelamos espacios seguros y de conexión y es ese anhelo uno de los que nos lleva a crear relaciones de pareja (aunque no siempre lo consigamos).


La pareja es una relación vincular y de apego y su bienestar dependerá de dos elementos: la capacidad de los diferentes miembros para autorregularse, y la capacidad de la pareja para regularse mutuamente.


Las personas somos complejas y las relaciones de pareja también lo son. La vida en pareja no es algo instintivo, es una habilidad que debe aprenderse y requiere esfuerzo y dedicación. A su vez, las personas somos cambiantes y la relación de pareja es dinámica, se va transformando con el paso del tiempo, los cambios vitales, la maternidad o paternidad, las experiencias adversas... y los conflictos. Como en todas las relaciones de nuestra vida, en la relación de pareja aparecerán, inevitablemente, detonados por las diferencias de carácter, de creencias, de estilos educativos, de formas de responder al estrés, de conflictos propios no resueltos. .


Si has llegado hasta aquí, te invito a hacer una pequeña reflexión: ¿Cómo está siendo, últimamente, el espacio creado entre vosotrxs? ¿Sientes que se trata de un lugar seguro donde se suele expresar desde el respeto y el amor? ¿Te sientes libre de expresar tus necesidades sabiendo que se tendrán en cuenta? ¿O es un espacio en el que fácilmente te cierras, donde cualquier pequeño desacuerdo lleva a una escalada de conflicto?

Este pequeño ejercicio puede dar pistas del nivel de seguridad que sientes o sentís dentro de vuestra relación y, si las sensaciones asociadas que emergen están más vinculadas a la tensión, la defensa o evitación, será interesante que podáis prestarle atención. Es importante esforzarse por hacer de la pareja un lugar seguro.

 

La relación de pareja no somos sólo tú y yo, sino que existe una tercera entidad que es la relación. Alcanzar un compromiso hacia las necesidades de la relación y situarla por encima de las necesidades individuales será el primer paso indispensable para empezar a caminar hacia el bienestar en pareja. Y, ¿qué significa esto? ¿Quiere decir que me olvide de mí y de mis necesidades? No, no quiero decir esto. Es muy necesario estar en contacto con tus propias necesidades, tenerlas en cuenta y cuidarlas. Y también es necesario, para el bienestar de la pareja, dejar de querer tener la razón por encima de todo, de convencer de que mi forma es mejor o más válida, de que mis problemas son más importantes. Esto significa, también, situarse en un interés sincero por cuidar este espacio, el de la pareja, más allá de mí y de mi necesidad egoica.

 

Stan Tatkin, psicólogo clínico que desarrolló el enfoque psicobiológico en terapia de pareja, acuñó el término «burbuja de pareja» o Couple Bubble. La burbuja de pareja es la metáfora utilizada para definir un espacio íntimo creado y cuidado por ambas partes, en el que se pactan, a través de la comunicación basada en una escucha activa, aquellas condiciones necesarias para que cada miembro se pueda sentir en seguridad y confianza dentro de la relación, protegidos tanto de los agentes externos como de los internos propios del vínculo. La relación se prioriza y esto ayuda a sanar tanto a la pareja, como a sus miembros e, incluso, a los hijos/hijas.

 

Tatkin describe así los principios de la «burbuja de pareja»:

- Esfuérzate por saber cómo crear sensación de seguridad y protección en tu pareja, soltando la idea que tú tienes sobre lo que debería ser. Lo que te hace sentir seguro y protegido puede que no sea lo mismo para tu pareja, intenta entender qué es lo que necesita él o ella, convertiros en expertxs el uno del otro.

 

- Evita actuar de forma ambivalente, con un pie dentro y otro fuera, puesto que esto pone en peligro la «burbuja». Sin confianza, una pareja no puede sobrevivir.

 

- Proteged la burbuja de pareja. Stan Tatkin señala que esto no significa que las parejas deban volverse codependientes, sino exactamente lo contrario. Permanecer en una burbuja no significa encerrarse y olvidarse del mundo exterior. Se trata más bien de construir un espacio dedicado a la protección y al crecimiento, donde esté presente la independencia pero también la proximidad. Cuando esta burbuja protectora se rompe, la relación deja de ser saludable.

La burbuja de pareja es un espacio en el que sentirse protegido y seguro. Donde sabes que puedes contar con la otra persona porque das y recibes al mismo tiempo. Es la prioridad de ambos y significa estar en los momentos difíciles, trabajar la escucha activa y la buena comunicación.

- Utilizad vuestra burbuja. Ésta os provee de un lugar seguro donde tú y tu pareja siempre podéis pedir apoyo, confiar el/la unx en el/la otro y compartir vulnerabilidades y protección.

 

Iris Gómez, Psicóloga y Psicoterapeuta.