1 de abril de 2021

Infancia: mapa de ruta de la adultez


Nacemos con una manera de estar y de reaccionar al mundo interno y externo, es nuestro temperamento. Lloramos más a menos, comemos más o menos. Tenemos una energía de más movimiento o de más reposo. Dormimos más o menos. Nos molestan más o menos las luces, los ruidos, las texturas. Esta condición de base con la que nacemos surge de la combinación de varios factores: la genética, cómo hemos estado de (in)cómodxs en la gestación, cómo hemos nacido (o nos han nacido) y cuáles memorias de vidas pasadas traemos a esta. El temperamento no es un destino, como dice Evânia Reicherten su libro "Infancia: la edad sagrada", y no determina la personalidad que vamos a construir después. Por ejemplo, haber llorado mucho cuando éramos bebés, no significa que lo vamos a seguir haciendo en la adultez.


¿Cómo eras cuando naciste? ¿Cómo son o cómo eran tus hijxsen esta primera fase del desarrollo?


La calidad del cuidado que recibimos en el primero año y medio de mamá y papá nos hace sentir y creer cuántobienvenidxs somos a este mundo. Si nuestras expresiones emocionales (enfado, tristeza, frustración, alegría, sorpresa…) y necesidades (afecto, sostén, mirada, hambre, sed, frío…) son recibidas, entendidas y tienen una respuesta suficientemente buena (que sea acorde y empática a nuestro sentir) entenderemos que somos merecedorxs de la Vida. Esta vivencia interna será la base de la casa de nuestra personalidad adulta. Estamos desarrollando la función propia del impulso tierno, el cual nos permite reconocer los estados que nos ocurre de piel para adentro (enfado, relax, hambre, sed, cansancio, curiosidad), en el paisaje interno de nuestra intimidad. Permiso de ser, sentir, existir, necesitar y tener tales necesidades cubiertas.


Cuando nuestro llanto es una molestia para quienes nos acompañan o están estresadxs/deprimidxs/ ausentes, etc. y tienen poco tiempo de presencia “de la buena” para con nosotrxs, el vínculo que tejemos no es un lugar de seguridad. Forjamos la creencia de que en esta Vida nos tenemos que encerrar para que no nos dañen las relaciones con lxs demás. Cuando crezcamos puede que seamos tímidxs y las relaciones con lxsdemás se asocien a tensión en el cuerpo y en el alma. Además tenderemos a creer en el subterráneo de nuestro inconsciente que nuestras necesidades no son importantes, asentándonos sobre la base del sentimiento de no merecer recibir.


¿Cómo atiendes tú tus necesidades? ¿Qué te dice eso de como fueran atendidas por tu mamá y papá? Por ejemplo, ¿Paras cuando estás cansada? Y como reflejo a eso ¿Cómo atiendes las necesidades de tus hijxs? ¿Sacrificas las tuyas automáticamente para atender las suyas?


Cuando una necesidad infantil se queda por satisfacer busca su compensación a lo largo de la Vida, y es cuando en la adultez nos pasamos la vida tropezando una y otra vez con la misma piedra, hasta que vamos a terapia (por ejemplo) y podemos ponerle nombre a la pueda. Si cuando llorábamos, nuestro llanto no encontró respuesta, podemos crecer con la creencia de que alguien aún me tiene que atender, y nos quedamos esperando, sin saberlo conscientemente, que alguien nos salve. Ese alguien en la adultez se suele llamar pareja. Entonces somos adultxs que nos movemos por la Vida creyendo que el mundo nos debe algo. O nos manejamos intentando tapar esa sensación de falta de amor primario con cualquier cosa que nos la llene, lo que llamamos adicción. Puede ser fumar, beber, ir de compras, comer, depender a otrxs, trabajar, tener sexo, hacer deporte…Todxs somos adictxs a algo, en menos o en más medida. O sea que buscamos poner esa ansiedad que despierta tal carencia afectiva inicial de la Vida en manos de un bálsamo que no acune ese vacío existencial. Se puede sentir en forma de bola en el estómago, de nudo en la garganta, de abismo en el pecho, u otras expresiones corporales que se dibujan en nuestra conciencia si nos paramos y sentimos. Una manera de no sentirlas es no parar y llenarnos de lo que sea para anestesiarnos.


¿Y tú, a qué estás enganchadx? ¿Reconoces tus adicciones cotidianas? ¿Reconoces la angustia que hay debajo de lo que tapas?


Más adelante en nuestro desarrollo evolutivo, del año y medio a los tres, cuando ya empezamos a ser más autónomxs a caminar, a decir que “no” y a sentirnos seres separados de nuestras madres ejercemos el derecho de desplegar el impulso agresivo, para ir hacia el mundo y explorarlo. En este momento salimos de la cueva fusional que compartíamos con mamá y empezamos a tener ojos para papá o la otra/s persona/s que nos cuida. La presencia de un/a tercerx nos invita a salir de la simbiosis inicial con mamá y a individualizarnos, a o sea, a senti-pensarnos como seres con voluntad propia.


¿Te suena de algo el “no” por todo de tus hijxs? ¿Y tú, puedes decir “sí” a lo que quieres y “no” a lo que no quieres? ¿Cómo acompañas a tu hijx cuando dice “no”?


En nuestra hazaña por hacernos seres individuales, más allá de los deseos de mamá, el derecho al pataleo y al “no” son sanos. Si hemos recibido el permiso de enfadarnos y oponernos a nuestras figuras de cuidado principales, seguramente de adultxs podamos ser asertivxs y coherentes con nosotrxs mismxs en aquello que permitimos y a aquello a lo que ponemos límites. Si en cambio, hemos sentido que una fuerza más grande que nosotrxs nos arrollaba, eclipsaba, desvalorizaba, aplastaba (y todos los verbos que tienen que ver más con una domesticación patriarcal de nuestra cultura que con una educación que respeta los procesos de Vida) entonces, es probable que nos movamos entre los patrones de obediencia/rebeldía, o sea que hayamos reprimido nuestra energía agresiva o que nos salga por los poros de la piel fácilmente. Eso se puede ver en tendencias cotidianas que van, como un péndulo, oscilando entre las actitudes de evitar los conflictos a toda costa o a enfadarnos/sentirnos molestxs por todo aquello que no nos gusta. Aquí la culpa, una herencia de la religión judeo -cristiana, toma protagonismo. Rabia y culpa son las dos caras de una misma moneda.


¿Te sientes culpable cuando te enfadas? ¿No te enfadas para evitar sentir culpa?

¿Y qué sientes y haces cuando tus hijxs se enfadan? ¿Sabes cómo se maneja la culpa para expresarse libremente?


Avanzando en desarrollo evolutivo viene una etapa en la que sentimos placer desde nuestra energía genital, de los tres a los seis. Este despliegue de sensaciones eróticas van de la mano del despliegue de nuestra iniciativa. El placer es uno de los motores de Vida desde que nacemos: la sensación de bienestar a través de nuestros sentidos, la experiencia de regocijarnos íntimamente en el estar en nuestra propia piel, la celebración de ocupar, con el permiso que solo otorga el amor, el espacio de nuestra primera casa, o sea, nuestro cuerpo. En este momento evolutivo concreto, el placer se centra en nuestros genitales. Es entonces que toda la fuerza de nuestro animal humano interno se quiere expresar por medio de nuestras ganas de descubrir el mundo, curiosear todo aquello que vemos, investigar cómo funcionan las cosas, obtener placer en el auto-contacto erótico, preguntar los porqués de todo lo que queremos entender, etc. Esta fuerza es pura Vida hacia el mundo, dese dentro, hacia fuera.


Si hemos sido acompañadxs por figuras de apego suficientemente buenas, tendremos la curiosidad, la iniciativa y el sentido del placer aún al alcance de nuestra mano, sintiendo goce en descubrir(nos) y en aprender cada día de nuestra Vida. Si en cambio, no hemos podido ejercer el derecho de la exploración de nuestro cuerpo y del mundo es muy probable que nos dé vergüenza nuestro poder sexual, y que vivamos una Vida a medio gas, aún sin saberlo. Hemos reprimido la potencia vital de nuestro chakra raíz, que nos conecta directamente con la Tierra y con nuestra sensación de estar vivxs. También es probable que nuestro valor intrínseco por ser quienes somos esté puesto en tela de juicio y tengamos una voz dentro que opina, analiza y censura aquello que somos, sentimos, pensamos y hacemos, por no sentirnos suficientemente buenxs, así que nos pasamos el rato esforzándonos por ser de otra manera, para seguir persiguiendo esa aprobación que no recibimos en su momento y queremos ahora compensar con nuestra exigencia.


¿Cómo es tu relación con el placer y con el dolor? ¿Qué has hecho hoy que te gustara? ¿Cómo acompañas el juego y las exploraciones/expresiones de placer de tus hijxs?


En la infancia se entreteje el mapa de la personalidad adulta con la que caminaremos por la Vida. Si te interesa conocer este mapa para ubicarte en quien eres y para acompañar lo más respetuosamente posible a tus hijxs puedes participar en nuestro curso Online en vivo “Conócete: niñx internx. Conócele: niñx externx” que empezará en otoño. Si tu también te haces las mismas preguntas que has encontrado en este artículo puedes participar en el “Ciclo de 3 Talleres psico-corporales para la vida cotidiana” que inician este mes. 


Lara Terradas

Psicóloga Col. 15613

Terapeuta Gestalt, Corporal, Infantil, Familiar i Energética

lara.terradas@acompanyamentfamiliar.com