1 de marzo de 2024

LA ANSIEDAD COMO ÚNICA PUERTA DE SALIDA


La tapa de una olla emocional en ebullición

Hoy en día se dice que estamos en una sociedad de estrés y que éste forma parte casi de nuestra vida cotidiana. Pero y la ansiedad, ¿es lo mismo? ¿Qué afectación tiene en nuestras vidas y cómo la podemos afrontar? 

Empezamos diferenciando estrés y ansiedad ya que a menudo las usamos de igual manera y no tienen realmente el mismo significado. El estrés es una respuesta fisiológica y adaptativa ante una situación demandante donde sentimos un desajuste entre la demanda y los recursos que disponemos. Cuando la situación demandante desaparece, el estrés también. La ansiedad también tiene una parte de respuesta fisiológica de estrés, añadiendo a menudo sentimientos de miedo, amenaza, preocupación y malestar. La ansiedad no siempre se desencadena por una situación del presente, ni real ni proporcionada y por lo tanto, no desaparece fácilmente. 

Tenemos diferentes radares y señales para detectar cuando algo no nos hace bien. Algo que está pasando en el exterior, la manera con la que te estás relacionando con el exterior o cómo te explicas a ti mismo/a algo que está pasando. Algunas de las señales son: sensaciones corporales de incomodidad, malestar, dolor, nerviosismo, estrés; pensamientos recurrentes, catastrofistas, rumiación, insatisfacción; y emociones desagradables de frustración, invalidación, culpa, amenaza o miedo. 

Cuando no escuchamos ninguna de estas señales, es cuando puede aparecer la ansiedad para expresar lo que no queremos, sabemos o podemos escuchar. Sale, de manera involuntaria, como la única manera de poder drenar toda esa energía y movimiento interior que no encuentra por dónde salir. 

Pero, ¿qué motivos tenemos para no querer/poder escucharnos y detectar qué nos están diciendo estos radares y así evitar la ansiedad? Algunos son:

- No haber sido educados a esta mirada

- Miedo a conectar con la fragilidad / vulnerabilidad

- Miedo a no controlar

- Aprendizaje/necesidad de "tirar adelante" (obligaciones de cuidados o laborales)

- Miedo a no poder sostener

- Miedo a sufrir

- No querer entrar en la incomodidad de la incoherencia (lo que la mente te dice y lo que el cuerpo/emociones te dicen)

- Miedo a tener que tomar decisiones y hacer cambios

- Situación tan complicada que para sobrevivir debe pasar un tiempo primero sin mirar adentro 

Una vez la ansiedad ya está aquí, es interesante la propuesta que hace M. J. Pubill (en la intervención emocional breve, un enfoque integrador), con dos abordajes básicos:

1)    Reducir la intensidad de la ansiedad para que los síntomas reduzcan (con técnicas de respiración y de orientación del espacio). A menudo son las técnicas más conocidas para hacer frente a la ansiedad, entendiéndola sobre todo según la sintomatología física. 

Querer regular la respiración, sensaciones corporales, cuando el mensaje interno de origen sigue siendo de amenaza, no es suficiente. Es como querer parar la ebullición de una olla que está hirviendo mientras el fuego sigue igual de encendido. Si pruebas de bajar el fuego, seguro que las burbujas paran por sí solas de manera más duradera. Aquí es cuando entra el segundo abordaje. 

2)    Explorar cuáles son los conflictos y dilemas que la situación que te crea ansiedad plantea. Qué emociones e interpretaciones hay detrás de lo que se está viviendo. ¿Cuál es la amenaza interna? ¿Cuál es el miedo? ¿El peso? En la medida en que la persona pueda ir explorando al ritmo y velocidad adecuada.

Siempre digo en consulta que querer eliminar un síntoma, emoción o sensación corporal todavía hace que esté más. Igual que cuando quieres que la rabieta de tu hijo/a pare, lo que consigues es lo contrario, que vaya a más (a menos que utilices métodos drásticos de extinción de conducta). Si la aceptas, la quieres entender, dejas que se libere, preguntarle qué le pasa, qué necesita, teniéndola en cuenta le podrás dar lo que necesita y por lo que ha venido. Así permitirás que se libere la carga y el contenido que lleva y dejará de necesitar estar porque ya habrá sido escuchada (que es lo que en el fondo quería). 

Hay diferentes técnicas para afrontar la ansiedad y dialogar con ella. Son las llamadas técnicas de externalización que ayudan a personificar la ansiedad como si tuviera vida en sí y así poder dirigirte con ella directamente. Si la ansiedad pudiera tener una forma, ¿cuál sería? ¿Un color? ¿Un tamaño? ¿A qué zona del cuerpo la ubicas más? ¿Qué diría si pudiera hablar? ¿Qué quiere de ti? E ir detectando qué le ayuda a estar más tranquila y qué la activa más. 

Parte del objetivo también, es entender la función que la ansiedad está teniendo. ¿Qué está consiguiendo la ansiedad que pase (aparte de pasarlo mal claro) que sin ella no estaba sucediendo? ¿A qué está diciendo basta? 

La ansiedad nos pone muy al límite, afectando mucho a nuestro día-día, para que no nos quede más opción que mirarla y atenderla. Eso es justamente lo que no estábamos pudiendo hacer con nuestro mundo emocional y psicológico, mirarlo y atenderlo.

 

Naima Salrà

Psicóloga de Acompanyament Familiar