30 de noviembre de 2022

CUANDO LAS HERIDAS DE LA INFANCIA INTERFIEREN EN LA CRIANZA


Sé que te va a parecer extraña esta frase, pero: la crianza de tus hijxs empieza en tu infancia, no en la suya. 


¿Por qué te digo esto? Porque la manera en cómo te acompañaron tus m-padres influenció directamente en la manera en cómo hoy en día acompañas tu a tus hijxs. 


Esta influencia no es un condicionamiento infranqueable, es decir, por supuesto puedes cambiar muchísimas cosas de la crianza que no te gustaron de tu infancia. Hay un margen de cambio muy grande y muchxs m-padres han decidido actuar de otra manera en cuanto a, por ejemplo, ser menos autoritarixs, más presentes, no ridiculizar, acompañar las emociones o jugar más con lxs hijxs. 


Pero en mi trabajo acompañando familias me doy cuenta diariamente que cuando ha habido una herida fuerte en la infancia, esta herida condiciona la relación con la crianza.


Te pongo un ejemplo: imagina que tus m-padres no estaban nunca, no podían estar para ti. Esto significa que, en tu mente, cuando hay amor hay ausencia. Por lo tanto tu, de manera natural e inconsciente, hoy en día cuando te alejas un poco de tus hijxs ya sea por trabajo o para buscarte momentos de ocio o para lo que sea, puedes ser que te sientas absolutamente culpable de estar ABANDONANDO a tus hijxs. Por qué? Porque tu herida de abandono está constantemente activa y “contamina” la manera en como interpretas el vínculo que tienes con tu hijx.


Fíjate que te planteo la importancia de revisarte 

para descubrir qué forma de amor tuvieron contigo.

 

Me he dado cuenta en mi consulta que cuando no revisamos nuestras heridas a menudo las proyectamos a lxs hijxs. ¿Y cómo lo hacemos?: Infantilizándolos, es decir, viéndolos más VULNERABLES de lo que realmente son. 


En mis sesiones me gusta mucho trabajar con dinámicas simbólicas. Cuando viene una madre sosteniendo miedos y preocupaciones llevando además una herida de la infancia le propongo la siguiente escena: “Imagina a tu hijx delante de ti, en su cabeza lleva puesto un velo, como el de una novia. Fíjate que este velo no te permite ver a tu hijx nítidamente. Este velo son todos tus miedos. Coge este velo con las manos, y dile a tu hijx: esto que te cubre y te tapa me pertenece a mi, no a ti. Te libero de mis miedos. Y mientras le levantas el velo y le sostienes la mirada profundamente y amorosamente le dices con toda la intención: Ahora sí, te veo solamente a tí”.


Revisa tus heridas, nunca me cansaré de decirlo: en medio de una herida hay una gran puerta que te puede conducir a la paz. La crianza invoca traumas, pero la toma de consciencia los alquimiza.   



Elisenda Roig Solé. 

Licenciada en Psicología, especializada en Psicología Sistémica. Formada en Pedagogía Sistémica. Posgrado en Constelaciones Familiares y Organizacionales. Pratitioner en Programación NeuroLinguística. Psicoterapeuta y docente.