La relación entre hermanos: el primer gran espejo

La relación fraternal es única y muy especial. Has nacido en la misma familia, mismos progenitores (o una parte), mismas rutinas y horarios, normas, mismo hogar, … . No es una amistad (aunque a veces puede llegar a serlo) y, sobre todo, no es una relación elegida. No los necesitas para sobrevivir, pero te tocan muy profundamente. Los hermanos entran en el vínculo paterno-filial, en el hogar, en el espacio más seguro, y ahí aparecen, para aportar luz, y también oscuridad. Un hermano/a puede ser el máximo cómplice y compañero/a de aventuras y, al mismo tiempo, también el máximo rival.

Puede existir la creencia de que la relación con un hermano debe ser como la de un mejor amigo, cercana, con confianza y buena comunicación, y no siempre es así; cada una es única y diferente. Bajar la expectativa de lo que esperas de la relación entre hermanos de tus hijos es la primera recomendación, ya que reduce mucha tensión ante los conflictos entre ellos. También es importante cómo esta expectativa se alimenta de tu propia relación con un hermano, si la has tenido. Si no la has tenido, justo esto también puede influenciarte a querer aquello que tú no tuviste.

Cuando un niño nace y sobre todo en los primeros años, la figura principal de apego es el máximo referente y elemento de seguridad. Incluso al nacer, el bebé se siente uno con esta persona. Se puede llegar a vivir con posesión, “el papá/la mamá es mío/mía”. Y por eso, es lo más valioso y apreciado para un niño. ¡Imagínense lo que debe ser para un niño tener que compartir esto! A veces, sin duda, puede ser la mayor competencia de la vida y única en esencia, la competencia por el padre o la madre.

Por otro lado, a menudo llegan los hermanos y hermanas en edades en las que la socialización aún es inmadura, lo que implica de golpe tener a un “igual” en el espacio de máxima intimidad y confianza. A pesar de la diferencia de edad que en algunos casos pueda existir, la adaptación y comprensión de lo que implica la llegada de un hermano y, sobre todo, el compartir a los padres, es algo que puede necesitar tiempo. Aunque los hermanos se lleven varios años, están al mismo nivel de jerarquía entre ellos y eso ya moviliza.

El/la hermano/a actúa como un espejo constante entre dónde termina el yo y empieza el otro. En el caso de los hermanos gemelos, todavía hay más “confusión” entre dónde termina el “yo” y el “otro”, ya que al principio todavía no hay diferenciación de uno mismo y menos si el otro está contigo desde el nacimiento. El otro es como un “yo”, pero su presencia saca cosas que uno quiere: como el papá o la mamá, juguetes que yo quiero, espacios que quiero ocupar, ideas, …. Por eso, puede ser normal que estén buscando los límites constantemente entre ellos.

Por estos factores, cuando los conflictos y peleas aumentan entre los hermanos, será necesario que un adulto esté más presente para regular todo aquello que ellos no están pudiendo y se está volviendo excesivo. Es cierto que no debemos asumir el papel de juez de quién tiene razón y quién no, pero sí proporcionar seguridad en aquello que ellos no están pudiendo sostener. Por ejemplo, cuando hay mucho contacto físico y agresividad. Cuando los roles entre ellos están siendo muy marcados y rígidos, por ejemplo, que uno es el que siempre no quiere jugar, que no cede, que siempre es el que quiere “parar”, que toma los juguetes del otro, que no respeta los no,… . El adulto proporciona “seguridad y descanso”, una persona con la que saben que podrán ser respetados y tomados en cuenta de manera diferente que con un/a hermano/a.

Por otro lado, normalizamos que los hermanos deben convivir juntos, pero así como con compañeros/as de escuela limitamos la interacción según cómo observamos a los niños, con los hermanos también. A pesar de vivir en el mismo hogar, también se saturan de la interacción entre ellos. Como los adultos con las parejas, también hay días y momentos en que necesitamos estar solos o “no estar” con esa persona.

En este sentido, puede ser muy beneficioso separar a los niños en diferentes espacios de la casa con juegos distintos o incluso en actividades fuera de casa cada uno con uno de los progenitores, “divide y vencerás”. Tener espacios de exclusividad refuerza la seguridad personal y la individualidad. Una opción es que en la planificación semanal se contemplen espacios de separación e individualidad.

Las peleas a menudo también son fruto de la liberación de tensiones acumuladas en la interacción y a lo largo del día, de descargas, que la presencia del adulto puede ayudar a canalizar y liberar de manera positiva. Por ejemplo, cuando hay tensión y conflicto, puede ser un buen momento para jugar a atrapar, esconderse, donde el adulto es quien atrapa y busca. También puede ser un momento idóneo para salir al exterior y hacer juegos físicos corporales.

Finalmente, es importante hablar del principio de orden de la psicología sistémica: donde cada uno tiene un lugar y una función en la familia. A menudo, los hermanos ocupan los “lugares” que quedan libres dentro de una familia. Las características y cualidades que adopta el primer hermano ya están ocupadas, y los que vienen después les “toca” tomar otras cualidades, y a menudo, en el rol contrario, pues así te aseguras de que “tienes un lugar único”. Ver cómo los padres refuerzan las conductas del hermano puede conectar con que tú mismo no eres así, no puedes ser como el otro, y eso puede generar enfado, y así querer diferenciarte más. Lo que ves en el hermano te conecta con lo que tienes o no dentro, te hace de espejo.

Para disminuir la asignación de roles involuntarios, es importante evitar las comparaciones y etiquetas. Es fácil caer en el “¿quién es más tímido/a?”, para buscar la diferencia rápidamente en un primer momento. Cada hijo o hija tendrá momentos de todo y es importante poderlo reconocer cuando son capaces de desarrollar diferentes habilidades independientemente de lo que haga su hermano/a. Evitar expresiones como “mira a tu hermano que ya se lo ha terminado todo”. Tanto los elogios continuos en algún mismo aspecto (ej. menos mal que tú sí recoges, hijo) como las críticas (ej. es que tú nunca recoges, eh, o siempre se te caen las cosas) pueden reforzar roles y etiquetas que promueven la rivalidad y comparación entre hermanos.

Paralelamente, ir sembrando el sentimiento de familia, de grupo y equipo cuando hay espacios compartidos en conjunto. Reforzando y poniendo palabras a aquello especial que une como familia, a hacer equipo y cuidarse unos a otros, ayudarse y tener en cuenta. Nombrar cuando hay interacciones de complicidad, de ayuda mutua, de alegría compartida para ir tomando conciencia de todo aquello que tener hermanos también permite.

La familia y la relación entre hermanos es el primer espacio de interacción grupal, esto implica un montón de aprendizajes y experiencias que nos influirán según lo que ocurra  y cómo se acompañe.

Naima Salrà Camps

Psicóloga infanto-juvenil y familiar

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