10 de junio de 2018

LA PAREJA Y EL EFECTO ESPEJO


¿Cuántas veces has pensado en huir de tu relación?

¿Y si la persona con quien sueño me está esperando?

La relación de pareja es uno de los mayores desafíos con los que vamos a encontrarnos a lo largo de nuestra Vida. Hay muchas miradas que, actualmente, se cuestionan los modelos establecidos y ponen en tela de juicio su validez, ya sea como formato práctico, o como dinámica de realización individual.

Más allá de preservar, o no, la monogamia, la familia nuclear y el modelo mainstream imperante, el que me gustaría poner encima de la mesa con estas líneas es todo aquello que nos sucede cuando nos abrimos a compartir en lo profundo de un vínculo.

Mirar a otra persona a través de nuestros ojos, tiene una implicación muy interesante en la forma en cómo conceptualizamos aquello que vemos; cuando te miro a través mío, lo que veo, la mayor parte de la veces, tiene más que ver conmigo que contigo. Mi mirada -las gafas que visto cuando te observo- hablan de mi forma de leer la Vida, las emociones, los movimientos corporales, las relaciones, etc. Comprender que lo que veo en ti soy yo, es un movimiento necesario para poder sostener lo que lx otrx nos devuelve como reflejo de lo que proyecto.

Comprender que quien tengo delante - en un contexto de abertura sincera y profunda- actúa como espejo donde reflejar mis profundidades y estructuras internas, me aporta un espacio de sinceridad donde poder recoger aquello que me incomoda y me inquieta; aceptar que la imagen que se me devuelve es una oportunidad de descubrirme a través de lx otrx.

Las relaciones de pareja -siempre y cuando estén establecidas en un contexto de una mínima implicación emocional- en tanto que espacios de apertura personal, hacen emergen la memoria arcaica de nuestro primer vínculo: la historia infantil con mamá y/o papá.

¿Qué recibí? ¿Cómo?

¿Quién me lo daba?

¿Se esperaba algo de mi para ser merecedorx de amor?

La forma como hemos aprendido a recibir amor, mirada, vínculo y presencia se pone de manifiesto cuando volvemos a establecer un espacio de comunión con otra persona. Las vivencias no resueltas de nuestra relación materno/paterno-filial florecen en el vínculo de pareja y, a menudo, al no encontrar en lx otrx lo que seguimos esperando que venga de fuera, volvemos a reaccionar tal y como lo aprendimos a hacer en nuestra etapa infantil: nos enfadamos, nos protegemos, nos escapamos, nos volvemos inhertes, etc. Cada persona puede llegar a descubrir cuál es el comportamiento interno que vertebra su esqueleto de supervivencia.

Abrirte a recibir esta imagen que te devuelve la otra persona es aventurarte a crecer, a reconquistar tu espacio de Vida, a reescribir tu merecimiento de amor y respeto por el solo hecho de existir. La pareja se torna, desde este espacio de madurez, un entorno seguro donde poder transformarse y abrazar nuestro camino.

Elisenda Pascual






*Foto Susana Moran