2 de enero de 2022

RED DE APOYO EN LAS MATERNIDADES: UNA NECESIDAD URGENTE


La maternidades, en muchos casos, son solitarias y aisladas, ajenas a otras mujeres maternantes. Son así producto de una sociedad que ha venido promoviendo el individualismo des del capitalismo, el patriarcado y se está potenciando con la situación actual que impone aún más distancias: cada una en su casa su crianza. Como seres humanxs tenemos una naturaleza individual y también social. La grupalidad es fuente de identidad, de autoestima y de autoconsciencia. El exceso de individualismo ha hecho, entre otras cosas, que la maternidad se viva de forma solitaria y se comparta poco con otras mujeres en la misma situación. A veces incluso hay esfuerzos en hacer ver que todo es maravilloso de cara a la galería, por el mandato insconsciente de la super-woman y super-mamá, lo que aún le deja a una más separada del mundo, y en contradicción con una misma. 


Adoro los los grupos terapéuticos, porqué los veo como una reproducción de la ancestral red humana, para compartir lágrimas y sonrisas. En ellos cruzamos las fronteras del individualismo y del “aparadorismo”, lo que sana la herida de separación y sacia la sed de tribu, para descansar en la pertenencia de sentirse parte del grupo, que acoge sin juicios a quien participa.


Ser y ejercer de madre es una de las cosas más complejas de este mundo. Se ponen en juego, a la vez y en versión amplificada, los atributos más esenciales de la personalidad: la sombra (todo lo que quedaba enterrado en el inconsciente) se manifiesta de forma inevitable así como los aspectos más luminosos también pueden florecer.


Por ello, creo que la maternidad puede brindar una oportunidad de profundo y acelerado autoconocimiento: es un gran espejo donde verse reflejada. A través del desarrollo evolutivo de las criaturas se revive, de forma inevitable, la infancia de mamá. En esta actualización de tu propia infancia a través de la de tus hijxs es común proyectar, poner en ellxs aspectos que te pertenecen, como si fueran suyos. Esto hace que lo que les pasa te parezca lo mismo que te pasa o te pasó a ti. En esta acción, sin querer, dejas de ver como son porque el filtro de tus gafas está empañado de tu biografía emocional esperando a ser procesada. Busca encontrar una resolución de temas pasados a través de ser re-vivida en el presente. Y tus hijxs como digo, son un campo fértil donde re-vivirte.


Por ejemplo, he visto en muchas mujeres con hijxs repetirse esta escena: el hijx se siente rechazadx en la escuela y lx ma-padre cree que sufre igual que cuando él/ella se sientió igual en un escenario parecido. Es tan natural empatizar y proyectar que por eso es importante cuidar el grado de proyección. Es decir cuánto confundes, sin querer, que “lo tuyo es igual que lo mío”, lo que te hace actuar sin ver a tu hijx. Quien ves primero, aunque no te lo parezca, es tu niñxa interna pendiente de una resolución de su dolor, y te sale un impulso de querer proteger a tu hijx para que “no pase lo mismo que tú”. Tal reacción es un eco de tu propio miedo. Desde ese prisma te va acostar percibir que la vivencia, necesidades y recursos para hacer frente a la situación de tu hijx no son iguales a las propias. Cuando te reconoces, sientes y digieres tu herida emocional, después vas a ver a tus hijxs por lo que son, no por lo que eres. 


En los grupos terapéuticos acompaño a mamás a poder reconocer las propias proyecciones hacia sus hijxs, entre otros temas. Es muy bonito ver como cuando una mujer recupera para sí aquello que está proyectando a sus hijxs, puede haber otras mujeres en el grupo, que por la resonancia del efecto espejo, también recuperen aquello que estaban proyectando en sus hijxs. 


A mi modo de ver, estos grupos son lugares de encuentro sagrado que honran la socialidad sana, la sororidad entre mujeres madres, la que sostiene y nutre, no la que separa y resta. Son un espacio de encuentro para poder reconocerse cada una en una misma y en las demás en el cobijo incondicional de los brazos del grupo, como una gran madre. Es un lugar entre personas de igual a igual, donde cada una puede expresar sus inquietudes y necesidades. 


El efecto del grupo es hacer de contenedor y amplificador de las propias vivencias. Me gusta usar la metáfora de la campana para los grupos. Mostrarse en el grupo es como cantar dentro de una campana: el sonido es contenido por sus paredes y reverbera de nuevo hacia la voz de la prsona cantante de modo amplificado, devolviéndole el eco de su propia voz multiplicado. 


El grupo terapéutico ofrece un espacio de confianza donde poderse abrir, mostrarse con lo que ocurre y ser aceptada como tal, sin necesidad de falsear y ponerse la máscara social con la que solemos ir por el mundo en busca de aprobación y reconocimiento. Tener relaciones amorosas es una fuente de nutrición necesaria para expandirse para una misma y con tus criaturas. El hecho de compartir a este nivel en los grupos, ejercitando la musculatura del amor, en la frecuencia vibratoria del corazón y dejando la mente descansar, genera una intimidad que como especie humana estamos necesitando urgentemente en estos tiempos que invitan a la deshumanización de lo inherentemente humano.


Lara Terradas

Psicòloga Col 15613

Terapeuta Gestalt, Corporal, Infantil i Familiar